Trasvases: no cuelan
Emili Piera
Los trasvases, del Ebro y del Júcar, serán muy buenos para el campo, pero en Monòver quieren hacer un embalse en suelo agrícola en plena producción, expropiar a centenares de viticultores y echar de casa a los habitantes de dos pedanías. Cuando el gremio del ladrillo pide agua, no se admiten églogas, anacreónticas u otros suspirillos del agro. Pero en circunstancias normales el coro de labriegos es tan útil en los tejemanejes hidráulicos como en los dramas de Calderón: cómo supuestos depositarios de una honradez fundadora, secular ¿Quien será, por Dios, el malnacido que se atreva a negarles el agua que requieren, in extremis, sus alcachofas o su uva de mesa?
España es el país civilizado - tampoco mucho, no nos confiemos- en el que los partidos verdes recogen menos votos. El hambre tiene registros frescos y potentes en la memoria de los vivos. Hubiéramos sido tontos de no comernos hasta el paisaje con tal de salir de la miseria. Sería de cretinos, seguir haciéndolo. Un amigo acaba de regresar del Valle del Loira, en Francia: una bombonera fluvial de viñedos ambarinos. Allí no tienen trasvases (no los necesitan), pero es que, además, han renunciado, expresamente, al AVE. Y no parecen ni pobres ni ignorados: tienen más turismo que nadie y, lo más importante, han descubierto que uno de los mejores negocios es ver el modo de estar más a gusto.
Los trasvases, a estas alturas, quedan un poco soviéticos. Para las comarcas deficitarias hay muchas otras soluciones aunque no reclamen partidas presupuestarias tan voluminosas ni movilicen al Cuerpo de Ingenieros del Estado, que confunden el tamaño de su libido con el volumen de la obra proyectada. Prometen maravillas cuando aún no han conseguido que por nuestros grifos mane algo parecido al agua potable. El timo del décimo premiado está muy visto, incluso entre supuestos paletos venidos del campo: no usen más a los agricultores como excusa, no cuela.
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Maluenda el provocado
Ecologistas en acción
El Sr. Maluenda se siente provocado. Su sensibilidad no puede consentir la afrenta que para él es que se pueda llegar a organizar una gran manifestación en Valencia contra la nefasta gestión del agua de su partido popular y las más que obvias consecuencias que ese desgobierno del agua está teniendo para las zonas húmedas valencianas y españolas. No quiere el Sr. Maluenda voces disidentes, especialmente cuando la atrevida disidencia pone el dedo en la llaga de la sucia trastienda que acompañan a la propaganda oficial del agua.
Entendemos el soponcio del Sr. Maluenda. Bastante tiene ya con el inoportuno embalse sorpresa, para algunos, de su Monóvar natal y la necesidad de tener que dar respaldo, ¡los votos obligan!, a los vecinos de su pueblo igualmente afrentados por la inundación proyectada de unas 1.300 Ha. de sus tierras. En realidad el Sr. Maluenda tiene motivos sobrados para sentirse provocado en los tiempos y aguas que corren.
Provocado por el Sr. Florentino Pérez, constructor de altos vuelos y embalses llenos, que desde la agraciada perspectiva que dan las alturas de su nido pudo entrever la llegada del embalse de Azorín al Monóvar maluendino, adelantándose con hábil regate en la compra de unas insignificantes cientos de hectáreas, no muy lejos del futuro embalse, que estaban llamadas por la mano divina de la España de las oportunidades a acoger una preciosa urbanización acompañada de campo de golf. Apenas 4.500 nuevas casas, bungalows en la lengua de la horterada urbanizadora. No hay motivo para asustarse: el proyecto es más que sostenible dado que sólo supondría doblar la actual población residente en Monóvar. Una idea original donde las haya, vaya que sí.
Provocado por su compañero Jaume Matas que al mismo tiempo que habla de un PHN que cubra la demanda de abastecimiento de nuestra cuenca del Júcar, derivada del «normal crecimiento poblacional» permite que su Ministerio sea un coladero de información privilegiada que da pie a proyectos como los del Sr. Florentino, disparando hasta donde ustedes quieran esa demanda inicialmente tan normalita y previsible ella.
Provocado por su también compañero Juan Manuel Aragonés que, en un ascenso que es huida, confía ahora en poder librarse de las salpicaduras del Júcar entrado en situación de desesperanza y con la cual deben ahora lidiar los que ven como casi la mitad de sus aguas son ansiosamente absorbidas por unas orillas manchegas que no tienen nada que envidiar al mejor papel secante de los tiempos de la abuela.
Provocado por todos ellos y por los que diciendo soñar con la vertebración de España, vía trasvase, triste poso mental que les dejó la fugaz lectura a oscuras de Ortega y Gasset, sólo piensan realmente en engrosar los muy particulares beneficios de sus empresas a costa de las aguas, paisajes y falsas ilusiones de los habitantes que no están familiarizados con los altos vuelos de los grandes provocadores.
No nos cabe la menor duda que todas estas situaciones incómodas han provocado también al Sr. Maluenda. Al igual que a nosotros y a tantos otros también valencianos. Por eso, precisamente por eso, el domingo 24 de noviembre tenemos una cita en Valencia; la que fue ciudad del Turia y hoy bebe de un Júcar que agoniza. Para que mañana pueda seguir haciéndolo. Para poner fin a esa agonía.
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Nota aclaratoria: el Sr. Maluenda es Diputado por el PP en las Cortes Valencianas. Vecino de Monóvar (Alicante), donde se quiere construir un embalse de 1.300 a 2.200 hectáreas. Ese embalse regulará las aguas del trasvase del Ebro en dirección a la cuenca del Segura, Murcia y Almería.