¿Tranvía? Por supuesto que sí
JAVIER COBELA PUIG
Es indiscutible que la reimplantación del tranvía en Alicante ha provocado abundante polémica este verano. Las quejas de algunos ciudadanos por las expropiaciones o por la solución adoptada en las playas de San Juan y Muchavista han tenido gran repercusión en los medios de comunicación. Entendemos que existían críticas de mayor calado -como las referidas al trazado subterráneo del tramo Renfe-MARQ- que han pasado más desapercibidas. Sin embargo, muchas de las quejas que sí han trascendido obedecían al desconocimiento del proyecto o a su incomprensión, lo cual no es extraño por los cambios sucesivos que la idea inicial ha sufrido, añadidos a la vaga definición de muchos aspectos notables (trazado, estaciones subterráneas, viaducto sobre la avenida de Dénia, itinerarios de otras futuras líneas y un largo etcétera). Además, el recuerdo de aquellos antiguos tranvías ruidosos, incómodos y peligrosos, que circularon hasta los años setenta en Alicante, creaba cierta inquietud. Hoy en día la tecnología permite construir tranvías muy diferentes, que frenan en cortas distancias, que no emiten gases, que apenas hacen ruido y cuya baja plataforma los hace universalmente accesibles. Sin embargo, las quejas más sonadas han sido las que alertaban sobre el caos que presuntamente provoca el tranvía sobre el tráfico de coches en primera línea de las citadas playas. Los residentes en las viviendas de la segunda línea han pasado a sufrir los efectos perniciosos de parte del tráfico motorizado que antes circulaba por la costa y que ahora lo hace por el interior; razón por la cual éstos, lógicamente, se quejan. Pero estas molestias, que a buen seguro son desagradables, no son muy diferentes de las que sufren gran cantidad de nuestros conciudadanos. No en vano Alicante es el paraíso del automóvil. Aquí, el coche puede hacer lo que quiera, es el privilegiado, el niño malcriado y consentido. Nadie puede dominarlo. Como un tumor maligno, el coche va devorando la ciudad y, conforme aumenta su número y la desfachatez de algunos conductores, el proceso se acelera convirtiéndose en el quebradero de cabeza de muchos alicantinos. En definitiva una política de movilidad basada en que cualquiera pueda ir en su coche a donde quiera y cuándo quiera es, en si mismo, el paradigma del caos. El tranvía, lejos de ser un factor de agravamiento de ese caos circulatorio, es una fabulosa herramienta para dominar a la bestia peluda que supone el tráfico privado y motorizado. El tranvía es una excelente quimioterapia contrastada en numerosas ciudades de todo el mundo en la lucha contra ese cáncer -el abuso del coche- que las corroe por dentro. La adecuada gestión de una solvente red de tranvías en Alicante podría ser uno de los cimientos de una movilidad sostenible, universal, asequible, eficaz y, por tanto justa. Ninguna de estas características las reúne el coche y sí las reúne el transporte público y en especial el tranvía.
Pero si decimos «adecuada gestión» es porque nos tememos que el TRAM se pueda gestionar tan nefastamente como el TAM. Ya se barrunta la concesión de la previsiblemente muy rentable línea de tranvía Alicante-Universidad-San Vicente al mismo grupo empresarial que monopoliza el transporte público urbano e interurbano en el área metropolitana de Alicante. Si finalmente es así, esperemos que el resultado no sea tan deplorable como en el caso de los autobuses. Pero también decimos «una solvente red de tranvías» porque la línea Alicante-Campello no se ha trazado atendiendo a demandas prioritarias sino simplemente a que se podía aprovechar el trazado del antiguo FEVE y había que dar servicio también al malogrado parque «Terra Mítica», una vez descartada la faraónica idea de construir una línea de alta velocidad a Benidorm. Los criterios para trazar otras futuras líneas del TRAM, publicados por la Generalitat, se basan en ocupar el «espacio libre» -es decir, las escasas aceras, jardines, parques, bulevares-, evitando a todo costa molestar al coche. Se trataría de un vano intento de aumentar la oferta de movilidad renunciando a conseguir un cambio en la demanda de modos de transporte más sostenibles. Se renunciaría a hacer más habitable Alicante. En definitiva, queremos mostrar nuestro apoyo firme al tranvía de Alicante en la medida que sustituya a otros modos de transporte más perniciosos. Así conseguiremos mayor calidad de vida para todos, incluso para los residentes en la segunda línea de las playas de San Juan y Muchavista. Por cierto, ¿alguien cree que fuese pura coincidencia que el comienzo del caos circulatorio de Alicante, hace ya décadas, coincidiera con el desmantelamiento del antiguo tranvía y la explosión de la movilidad motorizada?